Lluvia

hood

Pegando un repaso a viejos documentos he encontrado un texto de hace varios años que ni siquiera recuerdo para qué escribí, aunque tal vez era algún tipo de idea para realizar un vídeo. El caso es que lo dejo por aquí, dedicado a mis amigos de zapatillas fosforitas -los que usen zapatillas de colores sosos y demodé también pueden darse por aludidos si suelen salir a pegar brincos por ahí-.

“Un pie, otro pie. Un día gris y lluvioso. Casi en blanco y negro. La silueta de un hombre dando zancadas en una lluvia que parece haber estado cayendo desde siempre. La capucha de su sudadera no nos permite ver su rostro. Bum, bum, zancada y latido. En sus oídos, el sonido del tráfico intenta superar al de la lluvia. Los latidos de su corazón, cada vez más intensos. Un pie, otro pie, y un pequeño desnivel intensifica el esfuerzo y aumenta sus pulsaciones. La ropa comienza a empaparse. El sudor y el agua se funden. Bum, bum. En su mente se presenta la imagen del grupo de cuerdas de una gran orquesta comenzando una gran sinfonía. Y el sonido llega, real en su mente, llenándolo todo. Violines, violas y violonchelos pugnan inútilmente por protagonizar la cacofonía.

Y el suelo vibra bajo sus pies. El asfalto se mueve y comienza a rajarse. Nuestro hombre salta. La zancada es enorme y aparentemente eterna. Bajo sus pies la calzada se separa, abriendo paso a una gran sima. Abre sus brazos para preparar una caída sin fondo. Nuestro entorno ya no es gris, es negro, sólo oscuridad. Los violines y los latidos del hombre encapuchado suenan sin compás. Sólo vemos a nuestro protagonista cayendo, hacia la nada, junto a gotas de lluvia que se precipitan junto a él.

De repente el sonido para, él cae sobre sus pies y sus manos, como en cámara lenta; en un suelo encharcado que deja espacio a las suelas de las zapatillas, haciendo saltar por los aires miles de gotas de agua.

Inmediatamente, como si nunca se hubiera despegado del suelo, continúa corriendo. Las luces se encienden y el mundo se llena de blanco, intenso. Flashes de cientos de cámaras rodean al velocista. Su sudadera se abre y se desprende. El cuerpo del atleta se muestra bajo un intenso foco. Podemos ver su rostro en tensión. Mientras corre, corre sin parar.

La carrera se acelera, el sonido de instrumentos de cuerdas vuelve, a los que se suman oboes y trompas que emiten una sola nota. Bum-bum, bum-bum. Los latidos resuenan en el aire haciendo de percusión. No hay melodía, no hay un tono uniforme; solo hay fuerza, solo tensión… siempre in crescendo. Cada vez podemos adivinar más instrumentos sumándose al estruendo, los latidos son más rápidos, el volumen del sonido se acentúa y el ritmo de la carrera es mayor.

La carrera se convierte en sprint y el hombre, grita, grita con fuerza, con todos sus músculos en máxima tensión. El sonido ya es atronador, y sólo sobresale el estruendoso grito. Un último esfuerzo, unas zancadas más, sólo unas pocas más, con furia: bum, bum, bum, bum.

Y mientras frena poco a poco, mientras desaparece la orquesta y sólo queda el sonido de se corazón, el hombre mira su reloj y en su cara asoma una sonrisa. Sus pies se paran, y sus manos se echan a las rodillas. Pero aún guarda algunas fuerzas para erguirse con ímpetu levantando el puño en gesto de victoria.”

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Acerca de Iagoba

De Bilbao. Encargado de empresas y marketing en MODPC.com. Militante de Alternatiba. Amante de diversas subculturas (friki para los amigos).
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